21 de septiembre de 2017
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Arrés

Encaramado en una cresta rocosa del monte Samitier, a 705 m de altitud, Arrés constituye un mirador excepcional con amplia panorámica desde la sierra de San Juan de la Peña hasta las cumbres pirenaicas. A sus pies se extiende la Canal de Berdún, sembrada de cereal y antaño también de viñedo, recorrida por el río Aragón y el Camino de Santiago. En la actualidad hay en Arrés un albergue de peregrinos.
Forma parte del municipio de Bailo, junto con Paternoy, desde mediados del siglo XIX. El fogaje del Reino de Aragón de 1495 daba a Ares 5 fuegos. En 1857 tenía 140 habitantes y durante el siglo XX tuvo menos de un centenar. En 2004 contaba con 19.

HISTORIA
De topónimo antiguo, derivado quizá del vascón arri (piedra), su primera mención documental (año 850) refiere una donación de bienes sitos en  Arraise al monasterio de San Martín de Cercito. La población fue posesión de Sancho III el Mayor y la heredó Ramiro I, rey de Aragón, que la aportó como dote para su matrimonio (1036). Enclave fortificado de interés estratégico, en ocasiones pasó de las manos del rey a la de distintos señores (Artal de Alagón en 1294 y Gastón de Rueda en 1389) y, de hecho, acabó siendo lugar de señorío nobiliario, como aún lo era en 1830. Entre los siglos XI y XVI, Arrés sufrió las violentas incursiones de navarros, castellanos, franceses y, en 1413, el ataque de las tropas de Antón de Luna. Se ha sugerido la existencia de un primer asentamiento en el llano (próximo a los poblados de San Vicén y Santa Coloma –antiguo monstaterio-), abandonado a mediados del siglo XIV y reedificado en alto, en la ubicación actual.

ARQUITECTURA RELIGIOSA
La iglesia parroquial de Santa Águeda es una fábrica del siglo XVI con abadía anexa y atrio porticado. De nave única, con capillas laterales, ábside poligonal y coro alto a los pies, se cubría con bóvedas de crucería, sustituidas casi en su totalidad por otras de cañón con lunetos en una reforma del siglo XVII. De finales de esta centuria es el efectista retablo de San Antonio de Padua. Hacia 1767 fue renovado el retablo mayor, dedicado a la Inmaculada (antigua advocación), de gusto rococó, como la decoración pictórica de factura popular visible aún en el presbiterio y en la capilla de Nuestra Señora del Rosario. De esta iglesia procede una bella cruz procesional de orfebrería.

ARQUITECTURA CIVIL Y POPULAR
Conjunto arquitectónico de bien conservada traza medieval, las casas siguen un eje longitudinal que crestea por la sierra y descienden por la ladera de la solana, con algún pasadizo en arco (Casa Capón). Dominan la mampostería y la teja, y los vanos enmarcados por sillares y bloques pétreos, con los dinteles tallados con muescas apuntadas de recuerdo gótico. Hay portadas en arco de medio punto de grandes dovelas y adinteladas, alguna con escudo heráldico (Casa Lorenz). Se conservan monumentales  chamineras troncocónicas en Casa Molinero y Casa de Ramón Jaca, ésta con su  fogaril (en ruinas). Una de las casas más imponentes es Casa Clara, asentada sobre la roca, de aire señorial, con gran portada pétrea en arco, elaborados herrajes, reloj de sol y balcón volado.
Enriscada en la parte más alta se alza una magnífica torre señorial fortificada bajomedieval (siglo XV), con remate almenado, estrechas saeteras y elegantes ventana de asiento y chimenea francesa.
Se conserva el antiguo horno (rehabilitado) y, aunque arruinado, el espléndido molino harinero, próximo al río Aragón.

FIESTAS Y TRADICIONES
Las fiestas mayores se celebran el 5 de febrero en honor de Santa Águeda y las menores el primer fin de semana de agosto, acudiéndose e  ambas a la ermita de la santa, de factura popular. Participa también en la romería del Voto de San Indalecio.