18 de noviembre de 2017
Comarca de la Jacetania c/ Ferrocarril s/n
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Aratorés

A 1.021 m de altitud Aratorés se asienta sobre un pequeño llano, al pie de la sierra de los Ángeles – divisoria con el valle de Borau -  y no lejos del río Aragón.
Desde su anexión, hacia 1845, conforma la parte septentrional del actual término municipal de Castiello de Jaca.
Tenía cinco vecinos (casas) en 1495, que ya ascendían a 11 en 1845 y a 17 en 1857, con 109 habitantes. La población alcanzó su máximo histórico a principios del s. XX, cuando el censo de 1910 registra 114 habitantes de hecho y 117 de derecho. A partir de entonces, comienza un lento declive demográfico que lleva a los 73 habitantes en 1970 y los 42 que se registran a comienzos del siglo XXI. 
 
HISTORIA
La cercanía del río Aragón – importante vía de comunicación desde antiguo- y la amplitud del valle (en tiempos denominado Bardaruex: el valle de Aruej) explican la antigüedad y densidad de la ocupación humana en esta zona. Se han detectado indicios de época romana y fueron más numerosos los núcleos de población durante la Edad Media. Frente a Aratorés existieron las aldeas – que una vez despobladas se denominan pardinas- de Izuel y Atrosillo (hoy Trujillo); mientras que hacia el sur existió la de Esporrín. 
Aratorés suena ya en documentos de finales del siglo XI y desde 1206, mediante donación de Pedro II, el lugar se vinculó al Cabildo catedralicio de Jaca. La dependencia respecto a la seo jaquesa perduró hasta el final del Antiguo Régimen y la extinción de los señoríos (entrado ya el siglo XIX).  
Siempre basó Aratorés su economía en los recursos agrícolas y ganaderos, siendo escasa su potencialidad forestal. Y cabe destacar la presencia junto al río de dos batanes, propiedad de D. Francisco Osanz a mediados del s. XIX.
 
ARTE
La parroquia de San Juan Bautista es edificio de origen románico (siglo XII), de una sola nave y ábside orientado al este. La portada de ingreso, de medio punto, abre en el muro meridional y es de líneas sencillas. Sobre ella se colocó en 1607 el primitivo crismón. Al interior muestra la cabecera original, cubierta por bóveda en cuarto de esfera.
Fue ampliada y reformada en época barroca (s. XVII) con nueva sacristía y torre, al tiempo que se modernizaba la estructura y decoración de la nave. El altar mayor es tambien obra barroca, de madera dorada.
Pero lo más conocido del templo es la lápida incrustada al exterior, junto a la portada. Por su antigüedad y extensión es una de las inscripciones más destacadas de La Jacetania. Datada en la era 939 (año 901) procede de una antigua ermita cercana al pueblo, al igual que otra más pequeña, recolocada junto al crismón, dedicada un difunto llamado Atto. 
También de origen funerario son las losas reaprovechadas como pavimento de acceso a la puerta de la iglesia.
 
ARQUITECTURA POPULAR
Tiene fama Aratorés de ser el pueblo del valle que mejor ha sabido conservar la arquitectura tradicional y el ambiente rural. En efecto, un paseo por sus tranquilas calles permite contemplar un buen muestrario de edificios de interés, relativamente bien conservados o restaurados. En mampostería de piedra se construyeron los muros, y labrada en sillares destaca en portadas y ventanas. Por otra parte, todavía se conservan bastantes cubiertas de losa y algunas chimeneas troncocónicas, tan escasas ya en los pueblos circundantes.
La zona de eras y pajares se levantó al este del casco urbano, dominando el valle y con magníficas vistas hacia la Peña Collarada.
 
FIESTAS Y TRADICIONES
Se celebran las fiestas el día 29 de agosto. Han logrado mantenerse antiguas tradiciones, como la matacía del cerdo, en diciembre, y la hoguera de San Juan.