23 de septiembre de 2017
Comarca de la Jacetania c/ Ferrocarril s/n
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Abena

Localidad situada a 876 metros de altitud en el valle de su nombre, entre campos de cultivo bajo la imponente presencia de Peña Oroel. A la Val de Abena han pertenecido históricamente los pueblos de Abena, Ara, Binué y Artaso y las pardinas de Ayés y Lasiella.
Formó parte del municipio de Binué, con Ibort y Rapún, del que fue cabecera a finales del siglo XIX. En 1943 se incorporó al ayuntamiento de Navasa, pasó al de Guasa en 1964 y dos años después al de Jaca. El fogaje del Reino de Aragón de 1495 daba a Abena 10 fuegos. Llegó a tener 175 habitantes en 1900 y en 2003 contaba con 21 vecinos.

HISTORIA
Se ha propuesto un origen romano para Abena atendiendo a la etimología de su topónimo. Podría ser el nombre del propietario de un fundo agrícola cuyo recuerdo permaneció al haber continuado en explotación en época visigoda. Su primera referencia documental data del año 1051. En ella figura Abena como propiedad del rey aragonés Ramiro I. Sus hijos, el rey Sancho Ramírez y el obispo García de Jaca, donaron en 1086 los derechos eclesiásticos del valle de Abena a la catedral de Jaca, pero el hecho trascendental para su historia tuvo lugar en 1242. El entonces señor de la Val de Abena, un noble bearnés llamado Augerio de Olorón, donó las villas de Ara, Abena, Lasiella, Ayés y Binué al monasterio Cisterciense de La Oliva (Navarra) para erigir una nueva fundación en Ara, dedicada a la Virgen de la Gloria. Desde entonces, la historia de Abena y su valle y la del monasterio se entrelazan. En 1460, al abandonar los monjes el cenobio, pasó al Hospital de Santa Cristina de Somport y, a comienzos del siglo XVII, a los dominicos de Jaca. A finales del siglo XVIII, todo el valle estaba de nuevo en manos de la Corona.

ARQUITECTURA RELIGIOSA
La iglesia parroquial de San Miguel Arcángel, con su cementerio anexo, es un bello ejemplo del barroco del siglo XVIII que sorprende por lo inesperado. Levantada en 1739, como consta en la inscripción de su portada de piedra, llama poderosamente la atención lo armonioso y diáfano de su espacio central, cubierto por bóveda poligonal y con dos capillas poco profundas a los lados y capilla bautismal a los pies. El efecto se debe, sin duda, a la luz que inunda todo el espacio y envuelve al espectador. La iglesia cuenta con un espléndido conjunto de retablos de gusto rococó (retablo mayor y retablos del Santo Cristo y de la Virgen del Rosario), realizados en la segunda mitad del siglo XVIII por un escultor local de gran calidad, Juan Francisco de Ubalde.

URBANISMO Y ARQUITECTURA POPULAR
La mayoría de las casas se levantan a uno y otro lado de la larga calle en pendiente que atraviesa la localidad de este a oeste. Casi todas son de principios del siglo XIX y reflejan los usos constructivos tradicionales de la zona: tejados de losas, chimeneas troncocónicas y portadas adoveladas en piedra. Es excepcional la portada de Casa Basilio por lo profuso de su decoración en relieve, con inscripción en la que se lee: “Ave María Purísima. Ramón Pardo. 1808”. Otras casas son: Lucas, Bartolo, la del Herrero, Juan Blas, Gregorio, Orencio, Pedro Ubieto, Valentín, Pelaire, Tejedor, Caponé, Casbas y Sastre.

FIESTAS Y TRADICIONES
Las fiestas patronales de Abena tienen lugar el 29 de septiembre, en honor de San Miguel Arcángel. Se celebra también el día de San Valentín (14 de febrero) y se va en romería a la ermita de Santa Quiteria en su festividad, el 22 de mayo. En esta ermita fue muy típico celebrar la comida de San Antón, el 17 de enero, junto con Binué, Jarlata y Sasal, y con las judías blancas como plato fuerte. Abena participa en las romerías en honor de Santa Orosia de Yebra de Basa y Jaca (25 de junio).