18 de noviembre de 2017
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Ara

Ara es la localidad más poblada de la Val de Abena, situada a 938 metros de altitud, en un paisaje agrícola que contrasta con lo agreste de Peña Oroel y de los demás picos que la rodean.
Formó municipio independiente hasta su incorporación a Navasa (1941), luego a Guasa (1964) y a Jaca (1966). El fogaje que Fernando el Católico ordenó en 1495 le daba 18 fuegos. En 1857 tenía 279 habitantes y 248 en 1900. Contaba con 61 vecinos en 2003.

HISTORIA
Durante los siglos X y XI fue un enclave de  la línea fortificada del Gállego frente a los musulmanes, importancia estratégica que perdió al avanzar hacia el sur las fronteras del reino.
Posesión del rey de Aragón, durante el siglo XI estuvo en manos de tenentes cuyos nombres, desde el año 1036, se conocen. El rey Sancho Ramírez y su hermano el obispo García donaron a la catedral de Jaca los derechos de su iglesia en 1086. Fue trascendental la fundación en 1242 del monasterio de la Gloria por voluntad de Augerio de Olorón, noble bearnés señor de la Val de Abena, que donó para ello Ara y las demás villas del valle al monasterio cisterciense de La Oliva (Navarra). Abandonado por los monjes en 1460, pasó al Hospital de Santa Cristina de Somport y de éste, a comienzos del siglo XVII, a los dominicos de Jaca. Al finalizar el siglo XVIII todo el valle pertenecía de nuevo a la Corona.

ARQUITECTURA RELIGIOSA
La iglesia parroquial de los Santos Reyes asienta sobre un pequeño promontorio, adosada a una imponente torre fortificada del siglo XI. Sobre sus restos se levantó la torre campanario de la nueva iglesia edificada en 1575. De una sola nave con capillas laterales entre contrafuertes y cabecera recta, la iglesia de Ara guarda en su interior una sorpresa, un exuberante conjunto decorativo que, aunque de factura popular, ha fusionado todas las artes, las pinturas murales, los relieves de yeso policromado y los retablos dorados de madera, para crear “un espacio de maravilla” cuyo objetivo es sorprender y conmover al fiel. Esta redecoración barroca data de 1739, como consta en la portada, aunque el retablo mayor, obra notable de Juan Francisco de Ubalde, es de fecha más tardía (1784-1790).
Del antiguo monasterio del Císter apenas quedan ruinas reconocibles pero su recuerdo pervive en la advocación de la ermita cementerial y en la devoción a la Virgen de la Gloria, cuya imagen (siglo XIII) se venera en la iglesia parroquial. Aún perduran las ermitas de Santa Elena y de la Asunción, pero no la de San Bartolomé.

ARQUITECTURA CIVIL Y POPULAR
El núcleo urbano de Ara se organiza en torno a la Plaza Mayor, donde está ubicada la iglesia, con las calles Oroel y Santa Orosia como vías principales. Sus edificios, muchos del siglo XVIII, conforman un conjunto de arquitectura popular bien conservado en el que predomina la piedra, los tejados de losa con chimeneas troncocónicas y espantabrujas de remate y las puertas y ventanas enmarcadas en piedra. Algunas casas llevan el nombre de la familia o del propietario: Gracieta, Benito, Ramón, Ciprián, Malo, Basilio, Blasco, Atanasio, Saras, Martina, Herrero, Juan de Ara y Pablo; otras conservan el recuerdo de antiguos oficios artesanales: Cestero, Pelaire, Tendero, Carpintero, Piquero.
Ara guarda otro tesoro, el viejo “molino de los monjes”, de magnífico cubo. Es uno de los molinos harineros más antiguos y mejor conservados de todo Aragón, que todavía podría moler si llegara agua a su rodete de hierro.

FIESTAS Y COSTUMBRES
Las fiestas de Ara se celebran el 14 de septiembre, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz. Ha resurgido además la costumbre de acudir en romería al santuario de la Virgen de la Cueva en la Peña Oroel un domingo de mayo o junio.