21 de septiembre de 2017
Comarca de la Jacetania c/ Ferrocarril s/n
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Atarés

Situada a 840 metros de altitud, en el pequeño valle de su nombre que se esconde entre la Peña Oroel y la sierra de San Juan de la Peña, un agreste entorno natural que hace de Atarés y de su valle un lugar de gran atractivo.
Formó municipio independiente hasta su incorporación al de Jaca (1970). El censo-fogaje de 1495 le daba 13 fuegos. 30 casas y 204 almas tenía a mediados del siglo XIX y 247 habitantes en 1900. En 2003 Atarés contaba con 40 vecinos.

HISTORIA
Su historia hunde raíces en el tiempo en que Aragón era un pequeño condado con voluntad de expansión territorial frente al dominio musulmán. Galindo II Aznárez conquistó el valle del Atarés en el 913, contribuyendo a fijar la frontera del condado al sur de la sierra de San Juan de la Peña, protegida por una línea fortificada de la que Atarés formó parte (en el 931 por García Fortuñón). Pasó a la familia real aragonesa que, desde el año 1036, dejó su gobierno y explotación en manos de tenentes (Jimeno Garcés, el influyente conde Sancho Galíndez, Sancho, abad de Atarés, Sancho Fernández y  Mome). En 1188, Alfonso II permutó villa y castillo al monasterio de Santa Cruz de la Serós por las villas de Aísa y Villanúa. Jaime I otorgó el lugar como señorío en el siglo XIII a los Sanz de Latrás, a quienes perteneció hasta el XIX.
En 1625 el señorío recibió el título de condado.

ARQUITECTURA RELIGIOSA
La iglesia parroquial de San Julián fue edificada en el siglo XVI sobre otra románica de la que quedan vestigios en el muro occidental. La imagen de Nuestra Señora de Atarés (siglo XII) se ha hallado recientemente. La construcción del nuevo templo gótico, de planta rectangular, se debió al patrocinio de los Sanz de Latrás, señores de Atarés, cuyo escudo figura en la bóveda de nervios de la cabecera y en la portada. Conserva varios retablos barrocos de los que destaca el mayor, con columnas salomónicas (1696). La airosa torre campanario fue elevada en 1742, fecha que figura en la ventana inferior y en el reloj de sol que se dispone en ángulo para lograr la mejor incidencia de los rayos solares.
No quedan restos del antiguo monasterio altomedieval del Santo Ángel, pero sí se conserva la ermita de San Miguel, ya documentada en el año 1077.

ARQUITECTURA POPULAR
Su casco urbano se extiende sobre la ladera del monte, desde la calle del Sol (orientada al sur) hasta la “Peña del Castiello”, nombre que recuerda la fortaleza del siglo X de la perviven unas pocas ruinas. En el centro, la plaza de la iglesia, junto a la que se halla la casa de los condes de Atarés (siglo XVII), es uno de los rincones más bonitos de la localidad. La construcción tradicional es de piedra de las canteras del lugar, muy apreciadas en otro tiempo y todavía utilizadas. Los tejados son de losas, con las  típicas chimeneas troncocónicas. Algunas casas conservan patios empedrados y pozos, además de puertas y ventanas pétreas. La mayor parte son de los siglos XVIII (Casa Bernardo) y XIX: Bernardo, Simón, Rafael de Arriba, Rafael de Abajo, Periqué, Lisandre, Bartolomé, Caté, Bautista, Labarta. Se conservan, restaurados, el horno de pan y el lavadero, desde el que se disfruta la más hermosa y sobrecogedora vista de Peña Oroel.

FIESTAS Y TRADICIONES
Las fiestas mayores se celebran del 23 al 25 de agosto, por la Natividad de la Virgen, aunque antes lo hacían en enero, en honor de San Julián. En mayo se va en romería a la ermita de San Miguel y en junio a San Juan de la Peña (romería de San Indalecio).
Se cuenta en la zona una fantástica leyenda sobre una enorme serpiente que, oculta en una gruta de Peña Oroel, mataba a sus víctimas hipnotizándolas, y que cayó ella misma hipnotizada al ver reflejada su mirada en un espejo.