23 de septiembre de 2017
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Caniás

La pequeña localidad de Caniás contempla la llanura cerealística de la Canal de Berdún desde la falda del monte Grosín. Está asentada a 856 metros de altitud, en la margen izquierda del río Lubierre que desciende del valle de Borau.
Formó municipio propio, incluyendo Novés. En 1944 Caniás, Abay y Araguás del Solano formaron el de Banaguás, que en 1963 se incorporó al de Jaca. El fogaje que Fernando el Católico ordenó en 1495 daba a Canyas 5 fuegos. En 1857 tenía 126 habitantes y 185 en 1900. Contaba con 39 en 2004.

HISTORIA
Según algunos especialistas su topónimo procede de la palabra latina  canneares (lugares abundantes en cañas). En su forma actual, la  localidad aparece citada por primera vez en un documento de 1091 en el que Aimerico, abad de San Juan de la Peña, entrega “la pardina de Caniás” a censo. Entre 1099 y 1104, el rey de Aragón Pedro I dio la mitad de Canias a la iglesia de San Adrián de Sasave (antigua sede del obispo de Aragón) con motivo de su consagración. En 1390 era del cabildo de la catedral de Jaca y al menos desde 1495 lo fue del arcediano de Laurés. Fue lugar de señorío eclesiástico hasta el siglo XIX.

ARTE
La iglesia parroquial de San Pedro es un sobrio edificio románico con el pequeño cementerio anexo. De nave rectangular, presbiterio atrofiado y ábside semicircular abovedado y orientado al este, es una obra de cuidada cantería –especialmente el ábside, de sillería- construida en el siglo XII. Con posterioridad se añadió sobre los pies un robusto campanario de inusitadas proporciones que desvirtúa su aspecto primitivo. En la fachada meridional se sitúa la portada, en arco de medio punto dovelado y con un crismón trinitario de influencia jaquesa en el tímpano. En el interior son interesantes la pila benditera, una tierna imagen de la Virgen con el Niño y varias tallas barrocas de mediana calidad (San Pedro papa, Santa Lucía y Santa Orosia).

ARQUITECTURA POPULAR
Pequeño caserío agrupado con calles en ligera pendiente que conducen hasta la iglesia, situada en lo más alto de la población. Frente a ésta se halla la antigua casa abadía, un imponente edificio de grandes dimensiones aunque muy transformado (en particular la fachada sur). Localidad con tradición de buenos carpinteros y albañiles, predomina en la construcción la mampostería, de cuidada ejecución aunque a menudo oculta por revoques y encalados. En las portadas, ya sea de forma adintelada (Casa García entre otras) o en arco de grandes dovelas, se utilizan potentes bloques y sillares de piedra que sirven también para enmarcar las ventanas de pequeño tamaño y como refuerzo de las esquinas. Apenas quedan ya antiguas chimeneas (Casa de Lisandre) y escasean también los tejados de losa en las casas, que son más frecuentes en graneros, cuadras y pajares, de los que hay espléndidos ejemplos. Destaca por su sabor popular la calle del Arco, con sus pasadizos de entrada y salida y los muros encalados en blanco y azulete de las casas de Rosa y de Sastre, animados por el vivo colorido de las flores y las sobrias portadas de piedra. Oculto bajo el pasadizo adintelado se conserva el horno de Casa de Sastre, con el dintel pétreo finamente moldurado. Siguen también en pie las viejas escuelas, con la tranquila plazuela interior, y el lavadero, recientemente restaurado.

FIESTAS Y TRADICIONES
Las fiestas mayores se celebran el 25 de julio, festividad del apóstol Santiago, y las menores el 13 de diciembre en honor de Santa Lucía. En junio Caniás participa en la romería del Voto de San Indalecio a San Juan de la Peña.