19 de noviembre de 2017
Comarca de la Jacetania c/ Ferrocarril s/n
22700 - Jaca
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Villanúa

http://www.villanua.net

Al pie del mítico Collarada se extiende en una pequeña llanura el núcleo antiguo de Villanúa. Modernas urbanizaciones turísticas van colonizando poco a poco las orillas de la carretera de Francia. Tradición y modernidad tratan de convivir en este municipio que ha abandonado su tradicional economía agrícola y ganadera en aras de un turismo que busca aquí la cercanía de bosques y montañas.

Desde Peña Caída al Juncaral el río Aragón, con su cortejo de bosquetes de ribera, parte en dos el término municipal. Por la orilla derecha, bajando de Canfranc hacia Jaca, la carretera de Francia articula las modernas urbanizaciones separadas todavía por la antigua aldea de Aruej, tristemente abandonada, como su iglesia románica y su torre señorial. Es en esta orilla donde el término, que dibuja extraños entrantes y salientes, incluye los montes de Gabardito, la Sayeta y Torondón, profusamente reforestados gracias a la naturaleza o por la mano del hombre.

La peña Collarada, con sus 2883 m de altitud señorea la parte septentrional del término, con sus faldas superiores destinadas a pastos (el Borreguil, los Cubilares, los Campanales, etc.) y la base cubierta de espesos bosques (los Azús, el Achar, la Selva, etc.). Por la orilla izquierda del Aragón serpentea el viejo Camino de Santiago hasta el antiguo puente de Villanúa. En sus proximidades, por el histórico sendero empedrado, se accede a la cueva llamada de las Güixas, espectacular formación geológica acondicionada para las visitas turísticas, y en tiempos refugio del hombre prehistórico.

El casco histórico de Villanúa, rodeado de prados y modernas construcciones, muestra algún detalle de arquitectura popular, y en su iglesia de San Esteban se guardan tallas medievales y retablos barrocos.

Al sur del término está Cenarbe, pequeña aldea abandonada por sus habitantes y devorada por el tiempo y la vegetación. Todavía se reconocen las ruinas de su iglesia parroquial de San Pedro y de las casas que conformaron la aldea. Aquí el visitante se sumerge en un ambiente de silencio y desolación propio de todo pueblo deshabitado y huérfano de vida.