17 de agosto de 2018
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Tradiciones


Romeria San Indalecio

    

La Romería en honor a San Indalecio en San Juan de la Peña, tiene una tradición de ocho siglos , participando más de 50 pueblos de la Comarca de la Jacetania.

 La Romería consiste en una procesión de las cruces parroquiales de las zonas más cercanas a San Juan de la Peña, desde el Monasterio Nuevo al Monasterio Viejo. Acompañada de los Danzantes de Santa Orosia. Una vez en el Monasterio Viejo se celebrará una eucaristia presidida por el Señor Obispl y cantada por el Coro de la Capilla de Música de la Catedral de Jaca. La procesión irá acompañada por la imagen de San Indalecio. Se regresará al Monasterio Nuevo por el mismo recorrido.

El resurgir de una tradición de la Comarca de La Jacetania.

El Voto de San lndalecio se remonta nada menos que al año 1187. Es decir, a casi 800 años. El paso del tiempo y la evolución de creencias y costumbres habían ido reduciendo esta celebración a pequeñísimos límites, con amenazas de total desaparición. Unos entusiastas se han propusieron revitalizarla, José María Palacín y Miguel Medrano, con el apoyo de la Hermandad de Caballeros de San Juan de la Peña ynuestro Prelado don Juan Ángel Belda junto con el buen hacer de algunos párrocos como don Benito Solana desde Bernués y don Antonio Auria desde Bailo y Santa Cruz, entre otros, más los P.P. Capuchinos


San Indalecio fue uno de los siete varones apostólicos, obispos establecidos en la Península Ibérica, discípulos de Santiago, portadores de su cuerpo a Galicia. Sus restos están hoy en urna de plata, junto a la de Santa Orosia, en la Catedral de Jaca, portados desde Son Juan en 1835, al marcharse los Benedictinos, según nos documenta don Juan Aznárez. Fué Obispo de Urci o Ursi en tierras de Almería y su cuerpo fue traído a San Juan de la Peña en el año 1084. Inspiró profunda devoción a los habitantes la zona de influencia de la Abadía de San Juan.

HISTORIA 

En el siglo XI y primera mitad del XII especialmente el Monasterio de San Juan de La Peña se convirtió en uno de los centros que atrajo las preferencias del hombre medieval aragonés.

A la par de la importancia de este centro en cuanto a las reformas religiosas que se iban implantando está su relación a las peregrinaciones a Compostela. Este centro estaba situado a pocos kilómetros del Camino que desde Somport y Jaca cruzaban el Altoaragón para adentrarse en Navarra pero la ascensión al mismo era costosa, por una estrecha senda. San Juan de la Peña buscó conseguir unas reliquias suficientemente importantes para motivar a los cansados peregrinos que poco antes habían superado las duras etapas pirenaicas. El Abad que presidía en ese momento era Sancho de Arinzana y según testimonios tardíos había peregrinado a diversos lugares de la cristiandad como Roma, Montecasino y Compostela. De él debió partir la idea de conseguir unas reliquias atractivas, sin importar las dificultades que surgieran.

Es por este motivo que en 1084 los monjes consiguieron hacerse, tras no pocas vicisitudes, con los cuerpos de San Indalecio y de su discípulo Santiago que se encontraban en la lejana Almería, en manos musulmanas en aquella época. Aunque San Indalecio parece que fue un obispo que vivió en el siglo IV, según la tradición que corría en el siglo XI, había sido uno de los primeros convertidos directamente por el Apóstol Santiago en su predicación en España, además había sido consagrado obispo por los mismos San Pedro y San Pablo y junto con unas cuantas personas más, los llamados Varones Apostólicos, habían fundado las primeras iglesias cristianas de España. Estos hacían que la presencia de su cuerpo y el de su seguidor fueran, por tanto, suficiente motivo de atracción. La presencia de estas reliquias pronto fue causa de nuevas donaciones efectuadas por gentes agradecidas a los favores recibidos, convirtiéndose en una rentable vía de ingresos.

Estas reliquias llevaron a un compromiso especial, el denominado Voto de San Indalecio, que se pagó mientras tuvo vida el Monasterio, esto es hasta el primer tercio del siglo XIX. Su mención más antigua se encuentra en varios traslados notariales de fines del siglo XV que copiaron una promesa supuestamente hecha en 1187 por los clérigos y vecinos de más de doscientas treinta poblaciones situadas en un amplio territorio del Pirineo y Prepirineo. Según esto anualmente una persona de cada acudiría desde estas localidades hasta San Juan de la Peña entregando diversas cantidades de cereal que dependían de la capacidad económica de cada familia. La finalidad de estas donaciones era la de implorar la ayuda del santo para que la lluvia llegara a sus tierras de forma conveniente.

El texto como tal no es admisible en la versión conservada pues presenta errores a la hora de mencionar las personas que hipotéticamente actuaron como receptores del voto, testigos y confirmantes del acto e incluso cita a una de las poblaciones con el nombre que sólo tuvo a partir de 1208. No puedo afirmar con esto que un acto similar no se hiciera de verdad, tan sólo que el documento no puede aceptarse tal y como ha llegado hasta nosotros. Considero que, cuando a fines del siglo XV o los primeros años del XVI, algunos pueblos se resistieron a realizar este pago, San Juan de la Peña tuvo que recurrir a crear un texto que le sirviera de justificante y el falsificador incurrió en diversas incorrecciones. En el siglo XVIII, concretamente en el año 1725, sólo lo abonaban treinta y cinco lugares porque muchos de los que se mencionan en la copia antigua habían desaparecido. En los últimos años se ha resucitado la costumbre de peregrinar desde diversas localidades, precedidas como en los siglos medievales, por su cruz parroquial hasta San Juan de la Peña, realizándose por lo general en la primera quincena de junio la denominada romería de San Indalecio

      San Indalecio


San Indalecio, según la Tradición, es uno de los siete varones apostólicos y el primer obispo de Almería. Nació en Caspe, fijó su sede episcopal en la ciudad de Urci (actual Pechina), que con el tiempo fue trasladada a Almería. Los obispos de Almería se tienen como sus sucesores. De Urci pasa a Granada, Cartagena, Lorca, Murcia, Elche, Orihuela, Alicante, Valencia, Alcañices y Segorbe. Luego pasa a Tarazona, Zaragoza, Oca, Burgos, Toledo y finalmente a su querida Urci. Murió mártir, se sabe que fue arrojado al mar y posteriormente enterrado en Urci.

Ya en el siglo XI, el abad de San Juan de la Peña, se embarca en la empresa de buscar los restos del cuerpo del santo y trasladarlos a dicho monasterio. Junto con otros monjes viaja hasta Urci. Allí, en sueños, un ángel le revela el paradero de la tumba. Una vez exhumados los restos, van subiendo al norte siguiendo el Mediterráneo, hasta que en marzo de 1084 llegan al monasterio pirenaico. En abril de 1187, 238 pueblos de la zona de San Juan de la Peña hicieron Solemne Voto de acudir una vez al año, en torno a la Solemnidad de Pentecostés al monasterio para que el santo concediese agua para los campos y serenidad para las cosechas.

Tras la Desamortización, la urna con los restos del santo fue trasladada a la Catedral de Jaca.

Gracias a las gestiones del obispo D. Rosendo Álvarez Gastón se devolvieron ciertas reliquias que fueron colocadas bajo el altar de la S. A. I. Catedral de la Encarnación de Almería y en el Seminario Conciliar de San Indalecio de Almería. Es el santo patrón de la diócesis de Almería, del pueblo de Pechina y del Seminario Mayor de dicha diócesis. Su fiesta es el 15 de mayo, aunque la solemne procesión suele trasladarse al domingo más cercano si la solemnidad cae en un día no festivo en el calendario civil.