Historia
Su historia comienza hacia el año 890, vinculada originalmente a la diócesis de Pamplona y más tarde al monasterio de Leyre. Debido a su posición fronteriza, contó con un castillo defensivo que fue objeto de constantes permutas entre los reyes de Aragón y la nobleza durante el siglo XIII. Finalmente, en 1293, Jaime II la compró a Pedro Cornel, manteniendo desde entonces su condición de lugar de realengo (dependiente directamente del rey) hasta el siglo XIX.
Patrimonio
La Iglesia parroquial de San Miguel (s. XVI) es un robusto edificio de cantería con planta de cruz latina. Su interior destaca por las elegantes bóvedas de crucería estrellada que cubren la nave, mientras que en el exterior llama la atención su portada, decorada con un tratamiento almohadillado en las piedras que le otorga un aire señorial y efectista. El conjunto se completa con la Ermita de la Virgen de la Pardina, un lugar de gran poder evocador para los escasos habitantes que han resistido el azote de la despoblación.
El casco urbano de Lorbés es un ejemplo vivo de adaptación al terreno. Se divide en dos barrios, el Alto (más afectado por el abandono) y el Bajo, conectados por la calle Mayor y una red de callejas serpenteantes y pasadizos empedrados.
Símbolos Ancestrales: Muchas portadas de piedra o ladrillo conservan grabadas o colocadas flores de cardo (eguzkilore), un antiguo símbolo de protección pirenaico destinado a ahuyentar los malos espíritus.
Construcciones Nobles: Destaca la "casa del maestro", una vivienda infanzona con un notable escudo heráldico, y Casa Luquetas, que posee una de las chimeneas troncocónicas más esbeltas y elegantes de la comarca.
Vida Rural: Pese al silencio de sus casas vacías, como Casa Sastre, el pueblo conserva edificios comunales como el antiguo horno y las escuelas, testigos de una época en la que el municipio bullía con casi 200 habitantes.
Festejos
Lorbés celebra sus fiestas mayores el 6 de septiembre, manteniendo el espíritu de hermandad en este remoto balcón de la Jacetania zaragozana.