Historia
De topónimo prerromano con el sufijo vascón –ués, la historia de Larués presenta complejidades documentales. Las supuestas menciones de 1014 y 1071 son consideradas falsificaciones del monasterio de San Juan de la Peña para reivindicar derechos ante la diócesis de Jaca. La primera referencia fidedigna data de 1044, cuando el rey Ramiro I otorgó propiedades en la villa a su criado Íñigo López. Posteriormente, fue lugar de señorío nobiliario.
En el plano administrativo, Larués fue municipio independiente hasta su incorporación a Bailo en 1971. Su población alcanzó los 350 habitantes en 1900, descendiendo hasta los 81 censados en 2004.
Patrimonio
El elemento patrimonial más destacado es la Iglesia parroquial de San Vicente mártir. Originalmente un templo gótico de finales del siglo XV, sufrió importantes reformas en los siglos XVII (por Juan de Reyzu) y XVIII, que sustituyeron gran parte de las bóvedas de crucería por cañón con lunetos y añadieron un cimborrio.
Sin embargo, se conservó su portada original del gótico tardío: un arco conopial entre pináculos que cobija una imagen de la Virgen en alabastro, diseño inspirado en la capilla de la Santa Cruz de la catedral de Jaca (estilo que comparte con la iglesia de Sinués).
En su interior, alberga un retablo mayor romanista de Juan de Berrueta (c. 1607) y el de San Juan Bautista (1754). El patrimonio se completa con la cercana ermita de San Cristóbal y la mención histórica del desaparecido monasterio de San Martín de Sarasso.
El caserío se organiza de forma extendida sobre el llano, en torno a una alargada plaza rectangular, con la iglesia situada en una posición elevada a sus espaldas. La arquitectura doméstica emplea muros medianeros de mampostería, vanos enmarcados en bloques de piedra y teja árabe.
Un ejemplo insigne es Casa Solana, un enorme caserón del siglo XVII que cuenta con jardín, pozo, un notable zaguán de cantos rodados y una cuidada decoración en sus balcones y ventanas. El núcleo conserva también su antigua fuente.