Abay

Atestiguado desde el año 1030, Abay fue un lugar de realengo bajo la tenencia de destacados "seniores" aragoneses. Su historia eclesiástica está marcada por una famosa falsificación del siglo XII: un documento que pretendía demostrar que el rey Ramiro I había donado la iglesia a Jaca en 1063, cuando en realidad el templo dependía de Huesca. No obstante, el deán de la catedral de Jaca terminaría siendo su rector titular durante siglos.

Historia


Abay se sitúa a 775 metros de altitud, ocupando el corazón de una fértil explanada conocida como su propia "corona". Rodeado de campos de cereal y flanqueado por los ríos Aragón y Lubierre, el núcleo fue históricamente la cabecera de un municipio que agrupó a buena parte de los pueblos de la solanala de Jaca, hasta su definitiva incorporación a la capital jacetana en 1963.

Patrimonio


La iglesia de San Andrés es un edificio de piedra recuperado en 1990 que esconde una planta románica poco común.

Arquitectura: Del templo original se conservan dos ábsides y el arranque de la torre. En 1575 se amplió a tres naves y se construyó una portada clasicista.
El Museo: En su interior alberga piezas de valor incalculable, destacando la cruz procesional más antigua de Aragón, una teca y un crismón románico, además de pinturas murales góticas rescatadas del despoblado de Huértalo.

A diferencia de otros núcleos compactos, Abay destaca por su disposición diseminada sobre el llano. Sus casas (como Casa Bernardo o Casa Juan Ramón) mantienen la esencia del Pirineo:
Construcción: Uso de piedra, tejados de losa y las icónicas chimeneas troncocónicas con remate de "espantabrujas".
Ermita de la Asunción (1781): Según la tradición, fue levantada gracias a las limosnas recogidas por Jerónimo Piedrafita, un vecino ciego de la localidad. Custodia dos valiosas pinturas de Fray Manuel Bayeu (cuñado de Goya).

Festejos


El calendario festivo se centra en San Andrés (30 de noviembre) y la Asunción (15 de agosto). Sin embargo, Abay conserva el eco de antiguas creencias: la hoguera de San Sebastián el 20 de enero y el rito de "esconjurar" (ahuyentar) las tormentas mediante el tañido de campanas y la colocación de ramos de olivo o velas benditas en las ventanas para proteger las cosechas del granizo.

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