Badaguás

Desde el siglo XI hasta la Desamortización de 1834, Badaguás fue una posesión pinatense cuya vida giraba en torno al cereal y la lana.

Siglo XIX: Tras liberarse del señorío monástico, vivió un breve repunte demográfico y de roturaciones.

Siglo XX: El colapso llegó a mediados de siglo. El Estado inició la repoblación forestal de la sierra, eliminando los pastos esenciales para el ganado. Este hecho aceleró un éxodo rural que dejó el pueblo totalmente deshabitado en los años 60, convirtiendo las casas en corrales antes de su posterior olvido.

Patrimonio


Paradójicamente, su temprano abandono actuó como una cápsula del tiempo, preservando la arquitectura tradicional del Campo de Jaca sin las distorsiones de la modernidad:

Fachadas y Techos: Muros de mampostería a menudo blanqueados y cubiertas uniformes de losa de piedra.

Chimeneas: Destacan sus espectaculares chimeneas de piedra toba, elementos icónicos del paisaje elevado de la Jacetania.

Portaladas: Grandes arcos de medio punto y dinteles de piedra sillar daban acceso a casas con nombres que aún resuenan en la memoria local: Casa Pardo, Laval, Pastora o Betrán.

Bordas y Eras: El entorno del pueblo está salpicado de bordas con arcos de medio punto, donde antaño se guardaba el forraje para el invierno.

El patrimonio religioso de Badaguás se divide en dos hitos:

Iglesia de San Bartolomé (s. XVII-XVIII): Un edificio barroco de planta rectangular y robusta torre cuadrada que preside el paisaje desde su aislamiento.

Ermita de la Purísima Concepción (s. XV): Ubicada en el corazón del casco urbano, este edificio gótico fue la parroquia original del pueblo. Pese a restauraciones poco afortunadas, sigue siendo el testigo más antiguo de la fe de sus antiguos pobladores.

Festejos


Aunque el silencio domina hoy sus calles, el 24 de agosto sigue siendo la fecha marcada en el calendario en honor a San Bartolomé, patrón de una comunidad que, aunque dispersa, mantiene vivo el recuerdo de su origen en la Sierra de Albarún.