Patrimonio
Pese a su estado de ruina parcial, la iglesia parroquial de Santa Eulalia es un edificio que narra el paso de los siglos a través de sus piedras:
Hérencia Románica: Aunque el grueso de la fábrica es del siglo XVIII, el templo respira el aire medieval en su ábside con bóveda de horno y su portada meridional, que luce un pequeño crismón en relieve.
Tesoros Interiores: El templo custodió piezas de gran valor, como una inusual pila bautismal policromada y un retablo del siglo XVI. Su cruz procesional, por seguridad, se protege actualmente en el Museo Diocesano de Jaca.
El pueblo se apiña en una superficie casi circular, creando un conjunto compacto de edificios rehabilitados que conviven con las huellas de los que cayeron.
Casa Simón: Destaca por su gran solanera o mirador corrido en la fachada, diseñado para captar el sol del Pirineo.
Hornos Exentos: Villanovilla conserva una rareza arquitectónica: dos hornos de pan exentos. A diferencia de otras zonas donde el horno estaba dentro de la casa, aquí se construyeron como estructuras independientes.
Elementos de Vida: El paisaje urbano se completa con la borda de Casa Perico —atravesada por un pasadizo que conduce a la iglesia—, el único pozo del pueblo encajado entre bordas y un antiguo molino con su balsa de mampostería.
Festejos
Históricamente, Villanovilla era el punto de partida o paso para una de las tradiciones más potentes del valle: la romería a la Virgen de Iguácel. Cada segundo domingo de julio, vecinos y amigos se reúnen para recorrer el fondo del valle en honor a la virgen.
Actualmente, el pueblo mantiene sus celebraciones propias:
8 de septiembre: Fiesta mayor (Natividad de la Virgen).
15 de agosto: Fiesta menor (Santa Eulalia).