Jarlata

Jarlata se asienta a 861 metros de altitud, en un corredor natural definido por la singular formación geológica de los Capitiellos y la Sierra de Buyán, conocido como la Val Estrecha. Este cordal de roca separa su valle de la Val Ancha, creando un entorno recogido donde los campos de cereal se extienden hasta la línea del ferrocarril. Con solo 8 vecinos, Jarlata es hoy un ejemplo de la resistencia del mundo rural pirenaico.

Historia


La historia de Jarlata está marcada por su condición de lugar de realengo. En el año 1397, el rey Martín I integró la localidad bajo la jurisdicción de Jaca con un fin muy concreto: utilizar sus impuestos para reparar las puertas y murallas de la ciudad. Este privilegio real fue ratificado por monarcas posteriores como Alfonso V y Carlos I.

Patrimonio

La Iglesia parroquial de San Julián es el centro espiritual del núcleo:

El Templo: Construido en el siglo XVI, presenta una nave rectangular con ábside poligonal y bóvedas de cañón con lunetos añadidas en una reforma barroca posterior.

La Torre: Destaca su torre-campanario, cuya robustez y aspecto fortificado sugieren que pudo tener un origen defensivo previo, sirviendo quizá como torre de vigilancia en el valle antes de integrarse plenamente en el edificio religioso.

El casco urbano se organiza de forma alargada entre la carretera y la calle Aragón. El uso de la piedra y la losa es la norma, pero Jarlata esconde una joya arquitectónica:

Casa Mateu: Es un edificio excepcional que cuenta con un pasadizo cubierto que atraviesa la calle. Lo más curioso es que sobre este pasaje se ubica el hogar o "fogaril", permitiendo que el calor de la cocina se sitúe literalmente sobre el camino.

Etnografía: El pueblo conserva los edificios de las antiguas escuelas (hoy centro social) y la herrería, además de casas con nombres de larga tradición como Casa Champardo, Galindo o Sastre, algunas de las cuales aún mantienen sus lavaderos originales.

Festejos


La comunidad celebra a su patrón, San Julián, en dos momentos del año: el 7 de enero (fiesta menor) y el 5 de septiembre (fiesta mayor). Además, como es tradición en los valles que circundan Jaca, los vecinos participan cada 25 de junio en las romerías de Santa Orosia, manteniendo vivo el rito que une a los pueblos de la montaña con la santa patrona.