Araguás del Solano

Araguás del Solano hace honor a su nombre desde el siglo XIII, cuando su ubicación en la vertiente sur de la sierra le otorgó este apelativo. Situada a 945 metros de altitud, la localidad es una atalaya inmejorable que ofrece una de las panorámicas más completas de la comarca, abarcando desde la Peña Oroel hasta los montes de Santa Orosia y el Cuculo.

Historia


Su trayectoria histórica es singular: tras siglos de ser disputada entre la Corona y poderosos señores como los Luna o los Cornel, el rey Martín I decidió en 1397 incorporarla definitivamente a la jurisdicción de Jaca. El objetivo era pragmático: los tributos de Araguás debían servir para reparar los muros y puertas de la capital jacetana, consolidando así su estatus de lugar realengo.


Patrimonio

La iglesia de San Policarpo es un reflejo de la historia fronteriza de la zona. Aunque fue reformada en los siglos XVI y XVIII, todavía muestra su ADN románico en la portada y ventanas.
La Torre-Fortaleza: El campanario delata su origen militar mediante la presencia de aspilleras (aberturas para disparar) y una puerta situada en altura, accesible solo desde el interior del coro para garantizar refugio en caso de ataque.

Arte Escultórico: El interior custodia un retablo mayor de 1776, obra de Juan Francisco de Ubalde, quien también dejó su huella en otras iglesias de la Val de Abena.

El casco urbano asciende en pendiente desde la calle Baja hacia el templo parroquial. En la zona conocida como "El Castillo", todavía se adivinan los restos de antiguas fortificaciones.

Construcción Tradicional: Araguás destaca por su respeto a la estética pirenaica: piedra vista, tejados de losa y las inconfundibles chimeneas troncocónicas con sus "espantabrujas".

Casas con Nombre: Viviendas como Casa Soro, Herrero o Mosén León conviven con la nueva tienda-museo "La Solana", un espacio dedicado a la recuperación de muebles y relojes antiguos que mantiene vivo el pulso cultural del pueblo.

El Molino: A orillas del río Lubierre, el molino local (documentado desde 1217) permanece como testigo de la importancia del agua en la economía tradicional.

Festejos


Aunque su patrón es San Policarpo (26 de enero), las calles se llenan de vida el 16 de agosto por San Roque. Además, el pueblo mantiene su orgullo jacobeo participando con su cruz procesional en la romería de San Indalecio hacia el Monasterio de San Juan de la Peña cada mes de junio.